
CIELO FRÍGIDO
Observo desde el Malecón Ratti, el atardecer frío de playas mollendinas que guardan en sus arenales exóticos los secretos de amores imposibles y el drama de las culturas tiernas. Un celeste cielo frígido y una ligera bruma tímida cubre el horizonte impresionante marino, donde las ideas y evocaciones de imágenes amadas parecen desfilar.
Las gaviotas y chorlitos sueltan graznidos y vuelan raudos, tras la ruidosa resaca, en busca de un lloto (muy muy) varado o peladilla semiescondida en el húmedo litoral.
Los pelícanos baten sus alas y vuelan rasantes en dermis palpitantes de barullajes y olas gigantes con matices de color verde esmeralda cristalino conocidos como : tumbos. Cuatro olas maratón surgen y corren cada instante, cual ley natural, salpicando sus finas moléculas blanquecinas hacia la orilla. Tres pescadores artesanales, con chinguillo en mano, hacen finta al oleaje.
Las horas pasan sujetas como nudos de viento. La
silueta pincelada del Castillo Forga esfumina su mole amarillenta en el paisaje
heterogéneo. Los merlones del Castillo porteño caen fulminados por la
irresponsabilidad de las autoridades de
De pronto, un buque petrolero enciende sus luces de la ciudadela central y un crujido de fierros escapan heridos de los escobones de proa. Aguzo mis ojos para mirar en el firmamento escarlata obscura de la tarde efímera las titilantes farolas cosmopolitas, burguesas, del balneario de Mejía.
Evoco, en esta esplendorosa vista, a restaurantes de esteras de la década 60 y los efervescentes encuentros bailables cumbiamberos de pescadores anchoveteros, artesanales, estibadores marítimos y ferrocarrileros con lindas doncellas y madames en bajada de reyes y carnavales.
Rememoro con nostalgia los partidos de fútbol en la orilla estival y el aprendizaje de natación, con madera durmiente, en lagunas y humedales del Internacio ubicada en la tercera playa, entre el complejo petrolero y urbanización Albatros.
Autor: Arnulfo Benavente Díaz